PROFESORA DE ESPAÑOL
Mostrando entradas con la etiqueta SOCIEDAD. Mostrar todas las entradas
En el mundo crece el trabajo calificado, pero sin trabajadores
Varias compañías están reemplazando la mano de obra calificada por robots para la fabricación de electrónica de consumo
DRACHTEN, Holanda.- En la fábrica Philips Electronics, ubicada en la costa de China, cientos de trabajadores utilizan sus manos y herramientas especializadas para ensamblar afeitadoras eléctricas. Eso está pasado de moda.
En una filial de la fábrica, en la campiña holandesa, 128 brazos robot hacen el mismo trabajo con la flexibilidad típica de quien practica yoga. Cámaras de video los guían para concretar hazañas que están mucho más allá de la capacidad que posee la mayoría de los seres humanos más hábiles.
El brazo de un robot forma constantemente tres curvas perfectas en dos cables conectores y los hace pasar a través de agujeros que son prácticamente demasiado pequeños para que los pueda ver el ojo humano. Los brazos trabajan tan rápidamente que deben ser colocados en jaulas de vidrio para que las personas que supervisan el trabajo no resulten heridas. Y hacen todo eso sin una pausa para tomar café (tres turnos por día, los 365 días del año).
En total, la fábrica aquí cuenta con varias docenas de trabajadores por turno, alrededor de una décima parte de la cantidad de empleados que tiene la planta de la ciudad china de Zhuhai.
Esto es el futuro. Una nueva ola de robots, mucho más hábiles que aquellos que ahora utilizan comúnmente los fabricantes de automóviles y otras industrias pesadas, está reemplazando a los trabajadores en todo el mundo, tanto en la fabricación como en la distribución. Las fábricas como la que hay aquí en Holanda son un llamativo contrapunto de las que utilizan Apple y otros gigantes de la electrónica para el consumidor, que emplean cientos de miles de trabajadores poco calificados.
"Con estas máquinas, podemos hacer cualquier dispositivo para el consumidor en el mundo", dijo Binne Visser, un ingeniero electrónico que dirige la cadena de montaje de Philips, en Drachten.
Muchos ejecutivos de la industria y expertos en tecnología afirman que el método de Philips está ganando terreno en Apple. Aunque Foxconn, el fabricante de los iPhone de Apple, continúa construyendo nuevas plantas y contratando a miles de trabajadores adicionales con el fin de fabricar teléfonos inteligentes (smartphones, en idioma inglés), planea instalar más de un millón de robots en los próximos años para complementar su mano de obra en China.
Foxconn no ha dado a conocer cuántos trabajadores serán reemplazados o cuándo tomará dicha medida. Pero su jefe, Terry Gou, ha apoyado públicamente el creciente uso de robots. Hablando de sus más de un millón de empleados en todo el mundo, dijo en enero, según la agencia oficial de noticias Xinhua: "Como los seres humanos también son animales, manejar un millón de animales me da dolor de cabeza".
La reducción en los costos y la creciente sofisticación de los robots han desencadenado un renovado debate entre los economistas y los expertos en tecnología sobre la velocidad con la cual estas personas se quedarán sin trabajo. Este año, Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, economistas del Instituto de Tecnología de Massachusetts, presentaron un argumento para una rápida transformación. "El ritmo y la escala de esta invasión de las destrezas humanas es relativamente reciente y posee profundas implicancias económicas", escribieron en su libro: "Carrera contras las máquinas " ("Race Against the Machine", en idioma inglés).
Según dichos economistas, el advenimiento de la automatización de bajo costo predice cambios en la escala de la revolución en la tecnología agrícola en el último siglo, cuando el empleo en el área de la agricultura en Estados Unidos cayó del 40 por ciento de la mano de obra a aproximadamente el 2 por ciento que se registra en la actualidad. La analogía no es solamente la industrialización de la agricultura sino también la electrificación de la fabricación en el último siglo, expresa McAfee.
"¿En qué punto la motosierra reemplaza a Paul Bunyan?", preguntó Mike Dennison, un ejecutivo de Flextronics, un fabricante de productos de electrónica para el consumidor, con base en Silicon Valley y que cada vez automatiza más el trabajo de ensamblaje. "Siempre hay un nivel de precios y nosotros estamos muy cerca de él".
Pero Bran Ferren, un veterano experto en robots y diseñador de productos industriales de Applied Minds, en Glendale, California, afirma que todavía hay grandes obstáculos que han hecho que el sueño del robot para ensamblado universal sea difícil de alcanzar. "Al principio, tuve cierta ingenuidad sobre robots universales que podían simplemente hacer cualquier cosa", comentó. "Tienes que tener gente alrededor de todos modos. Y la gente es bastante buena para resolver algunas cosas: ¿Cómo ajusto un radiador o introduzco la manguera? Y para los robots estas cosas todavía son difíciles de hacer".
Más allá de los desafíos técnicos yace la resistencia de los trabajadores unidos en sindicatos y de las comunidades preocupadas por sus puestos de trabajo. El incremento de robots puede significar que en este país se creen menos puestos de trabajo, a pesar de que los crecientes costos laborales y de transporte en Asia y los temores por el robo de la propiedad intelectual ahora están llevando algo de trabajo otra vez hacia Occidente.
Tomemos como ejemplo a la cavernosa fábrica de paneles solares dirigida por Flextronics, en Milpitas, al sur de San Francisco. Un enorme cartel proclama orgullosamente: "¡Traemos nuevamente trabajo e industria a California!" (En este momento, China fabrica una gran porción de los paneles solares que se usan en este país y está automatizando su propia industria).
Sin embargo, en esta planta de vanguardia, donde la cadena de montaje funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana, hay robots por todos lados y pocos trabajadores de carne y hueso. Todo el trabajo de levantar elementos pesados y casi todas las tareas de precisión se hacen por medio de robots que ensamblan paneles solares y los sellan utilizando vidrio. Los trabajadores humanos hacen cosas como recortar el exceso de material, enroscar cables y atornillar un puñado de remaches en un marco simple para cada panel.
Tales avances en la fabricación también están comenzando a transformar otros sectores que emplean a millones de trabajadores en todo el mundo. Uno de ellos es la distribución, donde los robots que funcionan con la ligereza de los velocistas más rápidos del mundo pueden almacenar, recoger y empacar mercaderías para su despacho con mucha más eficiencia que las personas. Los robots pronto podrían reemplazar a los trabajadores de carne y hueso en compañías como C & S Wholesale Grocers, el distribuidor de comestibles más grande de la nación, que ya ha desplegado tecnología con robots.
Los veloces adelantos en tecnologías relacionadas con la visión y con el tacto están permitiendo que una amplia variedad de trabajos manuales puedan ser llevados a cabo ahora por robots. Por ejemplo, los aviones comerciales de fuselaje ancho, de Boeing, ahora son remachados automáticamente por máquinas gigantes que se mueven con gran velocidad y precisión por la "piel" de los aviones. Según la compañía, incluso con estas máquinas, lucha para encontrar la cantidad suficiente de trabajadores que puedan construir su nuevo avión 787. Pero las máquinas ofrecen una precisión significativamente más alta y son más seguras para los trabajadores.
Y en Earthbound Farms, en California, cuatro brazos robot recientemente instalados, con tazas de succión hechas a medida, colocan velozmente recipientes para lechuga orgánica en envases de envío. Los robots se mueven mucho más rápido que las personas a las que reemplazaron. Cada robot reemplaza de dos a cinco trabajadores en Earthbound, según John Dulchinos, un ingeniero que es jefe ejecutivo de Adept Technology, un fabricante de robots en Pleasanton, California, que desarrolló el sistema de Earthbound.
En Estados Unidos, los fabricantes de robots dicen que en muchas aplicaciones automatizadas ya son más rentables que los seres humanos.
En una exhibición de comercio vinculado con la automatización que tuvo lugar el año último en Chicago, Ron Potter, el director de tecnología robot de una firma consultora de Atlanta, llamada Factory Automation Systems (Sistemas de Automatización de Fábricas, en idioma español), ofreció a los visitantes una hoja de cálculo para estimar cuán rápidamente los robots se amortizarían.
En un ejemplo, un sistema de fabricación por medio de robots inicialmente costaba 250.000 dólares y reemplazaba a dos operadores de máquinas (cada uno ganaba 50.000 dólares por año). A lo largo de los 15 años de vida del sistema, las máquinas proporcionaron un rendimiento de 3,5 millones de dólares en ahorro de mano de obra y en productividad.
El gobierno de Obama dice que este cambio tecnológico presenta una oportunidad histórica para que la nación continúe siendo competitiva. "La única manera en que vamos a mantener la fabricación en Estados Unidos es si tenemos una productividad más elevada", expresó Tom Kalil, director adjunto de la Oficina de Políticas Científicas y Tecnológicas de la Casa Blanca.
Los funcionarios del gobierno y los ejecutivos de la industria argumentan que aun cuando las fábricas sean automatizadas, continúan siendo una valiosa fuente de trabajo. Si Estados Unidos no compite por contar con fábricas de avanzada en las industrias tales como la electrónica para el consumidor, podría perder también en el área de ingeniería y diseño del producto. Además, los ejecutivos que están a favor del uso de robots señalan que aunque los trabajos de los operarios se pierdan, una fabricación más eficiente creará trabajo calificado en los sectores de diseño, operación y mantenimiento de las cadenas de montaje, así como también dará lugar a cantidades significativas de otros tipos de trabajo en comunidades donde están ubicadas las industrias.
Y los fabricantes de robots destacan que su industria crea trabajo. Un informe encargado por la Federación Internacional de Robótica, el año último, expresa que ya se ha empleado a 150.000 personas en las fábricas automatizadas en todo el mundo para que desempeñen sus tareas en las áreas de ingeniería y de montaje.
Pero el dominio estadounidense y europeo en la próxima generación de industrias está lejos de ser algo seguro.
"Lo que veo es que los chinos también van a aplicar robots", dijo Frans van Houten, quien es el director ejecutivo de Philips. "La ventana de oportunidades para traer nuevamente a la industria es antes de que eso suceda".
UNA CADENA DE MONTAJE MÁS RÁPIDA
Royal Philips Electronics comenzó a fabricar las primeras afeitadoras electrónicas en el año 1939 y estableció la fábrica aquí en Drachten en 1950. Pero Visser, el ingeniero que dirige el montaje, se jacta de la sofisticación de las más recientes afeitadoras. Se venden por 350 dólares y, expresa, son más complejas de hacer que los teléfonos inteligentes (smartphones, en idioma inglés).
La cadena de montaje que hay aquí está compuesta de docenas de jaulas de vidrio que albergan robots hechos por Adept Technology y que se desplazan por la fábrica a lo largo de más de 90 metros. Las cámaras de video colocadas encima de dichas jaulas guían a los brazos robot para que casi sin margen de error recojan las partes que ensamblan. Los brazos doblan cables con precisión milimétrica, colocan husillos tan delgados como un mondadientes en pequeños agujeros, agarran dispositivos de plástico en miniatura y los colocan en su sitio y además fijan piezas de plástico en su lugar.
La próxima generación de robots para la industria será más flexible y fácil de "entrenar".
Conozca la fábrica Tesla Motors, que recientemente comenzó a construir el Tesla S, un sedán de lujo, en Fremont, California, en las afueras de Silicon Valley.
Más de la mitad del edificio está cerrado y lo llaman "el lado oscuro". Todavía alberga una deslucida cadena de montaje de Toyota Corolla en desuso en la cual alguna vez trabajó un ejército de personas para producir medio millón de automóviles por año.
La cadena de montaje de Tesla es un marcado contraste; está brillantemente iluminada. Sus robots de color rojo brillante, de rápidos movimientos, tienen un único brazo con múltiples conexiones. La mayoría de ellos son imponentes, miden de 2,5 a 3 metros de alto, lo cual les da un leve aspecto intimidante, similar a "Terminator".
Pero los brazos parecen siniestramente humanos cuando llegan al estante y cambian su "mano" para llevar a cabo una tarea diferente. Mientras que los muchos robots en las fábricas de automóviles generalmente realizan una sola función, en Tesla un robot podría llevar a cabo hasta cuatro tareas: soldar, remachar, montar e instalar un componente.
Ocho robots "bailan ballet" alrededor de cada vehículo cuando éste se detiene en cada estación a lo largo de la cadena de montaje durante apenas cinco minutos. Finalmente, la fábrica producirá por día 83 automóviles (se planea producir alrededor de 20.000 durante el primer año). Cuando la compañía agregue un vehículo utilitario, el año próximo, será construido en la misma cadena de montaje, una vez que los robots sean reprogramados.
La fábrica Tesla es pequeña pero representa una significativa apuesta a los robots flexibles, y podría ser un modelo para la industria. Y hay otras compañías que ya están también pensando en algo más grande.
Hyundai y Beijing Motors recientemente finalizaron la construcción de una fábrica colosal en las afueras de Beijing, la cual puede producir un millón de vehículos por año utilizando más robots y menos personas que las grandes fábricas de sus competidores y con la misma flexibilidad que los robots de Tesla, expresó Paul Chau, un capitalista de riesgo estadounidense, en WI Harper, quien visitó la planta en junio.
EL NUEVO DEPÓSITO
Los sistemas tradicionales y los futuristas, que trabajan codo a codo en un centro de distribución ubicado al norte de la ciudad de Nueva York, muestran cómo los robots están transformando la manera en que se distribuyen los productos, amenazando así los puestos de trabajo. Desde este depósito en Newburgh, C & S, el mayorista de comestibles más importante del país, abastece a una importante cadena de supermercados.
El antiguo sistema abarca casi 46.500 metros cuadrados. Las estanterías son cargadas y descargadas las 24 horas del día por cientos de personas que conducen pequeños tractores con pálets y elevadores de horquilla. En las horas pico de la noche, el depósito se convierte en una danza de vehículos eléctricos que revolotean y emiten sonidos, mientras los trabajadores con auriculares son dirigidos hacia el sitio donde se encuentran los envases con alimentos por una computadora que les habla en cuatro idiomas.
El nuevo sistema es mucho más pequeño, se puede ubicar en apenas 2.700 metros cuadrados en un extremo del depósito y se lo puede controlar con unos pocos técnicos. Dichos técnicos controlan una jaula de cuatro pisos con diferentes niveles que contiene 168 robots "todo terreno", los cuales tienen el tamaño de un cochecito para pasear bebés. Cada uno de ellos puede moverse a 40 kilómetros por hora, casi tan rápidamente como un velocista olímpico.
Cada vehículo "todo terreno" está conectado inalámbricamente a una computadora central y, según las órdenes que recibe, recorre un pasillo hasta que llega a su destino: un envase con alimentos que debe recoger o el sitio donde debe descargar un envase para almacenar. El robot puede agarrar una caja extendiendo dos dedos de metal de 60 centímetros de largo, ubicados en sus laterales, y deslizándolos por debajo de ella. Luego, la levanta y la coloca en su "barriga". Después, acelera hasta el frente de la jaula de acero, allí pasa a una amplia banda de tránsito, donde debe luchar con el tráfico (ocho robots trabajan en cada nivel de la estructura, que mide 20 pasillos de ancho y tiene 21 niveles de alto).
Desde el pasillo, los robots esperan su turno para ingresar a un carril abierto especial donde depositan cada carga en un ascensor que envía un flujo de envases de alimentos a una cinta transportadora que desemboca en un brazo robot de gran tamaño.
Con aproximadamente 3 metros de altura, el brazo posee la gracia y la destreza de un experimentado empacador de supermercado; hace girar cada envase para colocarlo de manera que la pila final forme un cubo de 2,5 metros. El software es lo suficientemente sofisticado como para determinar qué robot debería escoger primero un determinado envase de manera que, cuando el pedido llegue al supermercado, los trabajadores puedan sacar los envases en el orden preciso en el cual deben ser colocados en las estanterías.
Cuando el brazo termina su tarea, el cubo de mercaderías es transportado a una máquina que lo envuelve en plástico transparente para mantenerlo en su lugar. Posteriormente, el operador de los elevadores de horquilla, convocado por la computadora, traslada el cubo a un camión para su envío.
Construido por Symbotic, una compañía que recién se inicia y que tiene base en el área de Boston, este depósito robotizado está inspirado por diseñadores de computadoras que crearon algoritmos para software con el fin de organizar eficientemente los datos a ser almacenados en el disco duro de una computadora.
Jim Baum, el director ejecutivo de Symbotic, compara el nuevo sistema con una enorme computadora paralela. El diseño es eficiente porque no hay un cuello de botella solo; los envases de alimentos que se mueven a través del depósito robotizado son como los bits digitales que procesa la computadora.
EL CAMBIANTE PAPEL QUE DESEMPEÑAN LOS SERES HUMANOS
Desde que comenzó a trabajar como encargado de un depósito en Tolleson, Arizona, un suburbio de Phoenix, hace una década, Josh Graves ha visto cómo los sistemas de automatización pueden facilitar el trabajo pero también pueden crear un nuevo estrés e inseguridad. La gigante instalación donde él trabaja distribuye productos para los supermercados Kroger.
Graves, de 29 años, comenzó a desempeñarse como empleado del depósito, donde su padre trabajó durante tres décadas, inmediatamente después de finalizar la escuela secundaria. El demandante trabajo requería levantar pesadas cajas y las horas allí se hacían muy largas. "Contrataban a 15 hombres y duraba solamente uno de ellos", dijo.
En la actualidad, Graves conduce una pequeña máquina, similar a un elevador de horquillas, que almacena y recoge envases de todos los tamaños. Debido a que dichos trabajadores hacen menos tareas con su cuerpo, hay menos heridos, señaló Rome Aloise, un vicepresidente de Teamsters, en el norte de California. Debido a que las computadoras marcan el ritmo, el estrés es ahora más de naturaleza psicológica.
Graves usa auriculares a través de los cuales una voz computarizada le ordena a qué sitio del depósito debe dirigirse para buscar o almacenar productos. Una computadora centralizada, a la que los trabajadores llaman "El Cerebro", establece el ritmo del trabajo. Los gerentes saben exactamente lo que hacen los trabajadores, con absoluta precisión.
Hace algunos años, en el depósito donde trabaja Graves se instaló un sistema alemán que automáticamente almacena y retira envases de alimentos. Eso llevó a la eliminación de 106 puestos de trabajo, prácticamente el 20 por ciento de la mano de obra. El nuevo sistema fue mantenido inicialmente por trabajadores de sindicatos con alto rango. Luego, esa tarea pasó a manos de la compañía alemana, la cual contrató a trabajadores que no pertenecían a sindicatos.
Ahora, Kroger planea construir un depósito altamente automatizado en Tolleson. Sesenta trabajadores afiliados a sindicatos concurrieron a la intendencia, el año último, como muestra de su oposición al plan, sobre el cual la ciudad todavía no ha producido dictamen alguno.
"No tenemos problemas en que vengan máquinas", señaló Graves a los funcionarios de la ciudad. "Pero díganle a Kroger que nosotros no queremos perder estos puestos de trabajo en nuestra ciudad".
Algunas tareas todavía están fuera del alcance de la automatización: los trabajos de construcción que requieren que los trabajadores se desplacen en ambientes impredecibles y desempeñen diferentes funciones que no son repetitivas; el trabajo de montaje para el cual se necesita una retroalimentación táctil, como la colocación de paneles de fibra de vidrio en el interior de los aviones, botes o automóviles; y las tareas de montaje donde se fabrica únicamente una cantidad limitada de productos o donde hay muchas versiones de cada producto, lo que requiere una onerosa reprogramación de robots.
Pero esa lista se está achicando.
LAS MEJORAS EN LA DISTRIBUCIÓN
Dentro del garaje espartano de un barrio industrial en Palo Alto, California, un robot equipado con "ojos" electrónicos, una pequeña pala y tazas de succión levanta repetidamente cajas y las coloca en una cinta transportadora.
Está haciendo lo que trabajadores poco calificados hacen todos los días en diferentes partes del mundo.
Los robots más antiguos no pueden hacer tal trabajo porque los sistemas de visión por computadora eran caros y estaban limitados a ambientes cuidadosamente controlados, donde la iluminación era perfecta. Pero gracias a una económica cámara estéreo y a un software que permite al sistema ver formas con la misma facilidad que los seres humanos, este robot puede rápidamente discernir las dimensiones irregulares de objetos ubicados azarosamente.
El robot utiliza una tecnología de la cual fue pionero el sistema Kinect con sensibilidad al movimiento, de Microsoft, para su sistema de videojuegos denominado Xbox.
Tales robots pondrán la automatización al alcance de compañías como Federal Express y United Parcel Service que ahora emplean a decenas de miles de trabajadores para realizar esas tareas.
La firma recién iniciada que está detrás del robot, Industrial Perception Inc., es la primera filial de Willow Garage, una ambiciosa empresa dedicada a la investigación relacionada con los robots, con sede en Menlo Park, California. Probablemente, el primer cliente sea una compañía que ahora emplea a miles de trabajadores para cargar y descargar sus camiones. Dichos trabajadores pueden mover una caja cada seis segundos en promedio. Pero cada caja puede llegar a pesar más de 58 kilogramos, de modo que los trabajadores se cansan rápidamente y, en ciertas ocasiones, les duele la espalda.
Industrial Perception obtendrá su contrato si su máquina puede mover de manera confiable una caja cada cuatro segundos. Los ingenieros confían en que el robot pronto superará esa meta; podrá recoger y colocar en su lugar una caja por segundo.
"Estamos a las puertas de cambiar por completo el proceso de fabricación y de distribución", dijo Gary Bradski, un científico dedicado a las máquinas que pueden "ver", quien también es uno de los fundadores de Industrial Perception. "No creo que sea un evento tan singular, pero en definitiva tendrá un impacto tan grande como Internet".
¿En qué momentos aflora la creatividad?
Mientras dormimos, después de la siesta o al despertarse, suelen aparecer ideas; cuando el cerebro está "desconectado", sigue procesando información y aporta soluciones
Por Mariana Israel La creatividad no es un "poder sobrenatural", ni un privilegio de un puñado de iluminados, como Steve Jobs o Mark Zuckerberg. Generar ideas innovadoras es una habilidad que puede potenciarse.
El primer paso es alejarse del problema. Así como un pintor tiene que tomar distancia para admirar su obra completa, hay que ver el tema en cuestión desde distintas aristas para que surjan ideas creativas.
El segundo paso es relajarse."Muchos creativos reportan que tienen ideas nuevas cuando no están pensando en nada", afirma el doctor Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias de laUniversidad Favaloro y del Instituto de Neurología Cognitiva de Buenos Aires (Ineco).
Es frecuente que la creatividad aflore en momentos inesperados, cuando la mente se relaja. "Cuando el cerebro está offline, sigue procesando información", agrega Manes. "Hay un procesamiento interno que no siempre es consciente. Por eso, la respuesta surge en los momentos menos pensados, a pesar de que estemos haciendo otras cosas", coincide la licenciada María Aranguren, psicóloga y becaria del Conicet.
El doctor Esteban Mongiello, psicólogo del equipo de Adineu (Asistencia, Docencia e Investigación en Neurociencia), plantea que "se producen múltiples procesos en vastas redes neuronales que tejen nuevas asociaciones en el cerebro".
Steve Jobs lo dijo: "La creatividad consiste simplemente en conectar cosas". Si es así, entonces, ¿hay situaciones que favorezcan estas "conexiones" cerebrales?
LOS MEJORES MOMENTOS PARA CREAR
1. Al soñar despiertos. Un estudio liderado por la doctora Kalina Christoff, de la Universidad de Columbia Británica, sugiere que soñar despierto recrea un estado mental único, en el cual dos sistemas cerebrales opuestos trabajan en conjunto. Estas "nuevas asociaciones" favorecen el pensamiento creativo y original.
2. Mientras dormimos. Manes explica que, mientras dormimos, "repasamos los eventos del día". Aparte, añade que durante el sueño "se observa en el cerebro una actividad oscilatoria similar a la que existe en períodos de creatividad".
3. Cuando recién despertamos. En ese momento, el cerebro está desorganizado y abierto a ideas no convencionales. En un estudio publicado el año pasado en la revista Thinking & Reasoning, los investigadores vieron que un grupo de estudiantes universitarios resolvía mejor una serie de acertijos a la mañana, cuando se sentían más dormidos y menos productivos. La dificultad para enfocarse era, justamente, la clave. "Es un estudio interesante, que sugiere que los tiempos no óptimos -como cuando estamos más dormidos- reducirían el control inhibitorio cerebral, permitiendo que surja la creatividad", indica Manes.
4. Después de la siesta. La psicóloga Sara Mednick, profesora de la Universidad de California, sostiene por medio de investigaciones que la siesta es un recurso valioso para potenciar la creatividad. "Los principales inventores y artistas dormían siesta. El sueño ayuda a combinar las ideas de forma novedosa", asegura.
5. En vacaciones. Se trata de un período apropiado justamente porque "el cerebro necesita estar fuera de actividad para que aparezcan nuevas ideas", declara Manes.
"Llevar adelante actividades que nos entusiasmen, dedicarles tiempo y disfrutarlas puede potenciar nuestra creatividad", asegura el doctor Ezequiel Gleichgerrcht, investigador en neurociencias cognitivas de Ineco. "Para que se produzcan ideas originales, hace falta involucrarse en el tema. No es que surgen de la nada", agrega la licenciada Aranguren.
A su vez, es necesario saber distraerse a tiempo y no enfrascarse en un problema.
"Cuando estamos concentrados en encontrar una idea o una solución novedosa, no estamos permitiendo que trabajen en forma intensa las áreas que hacen nuevas asociaciones en el cerebro", concluye Manes.
En el pasado, uno de los autores que más frecuenté fue McLuhan, aquel señor al que Woody Allen hacía aparecer en Annie Hall. El ensayista canadiense, allá por mediados del siglo pasado, cuando todavía existían de manera incipiente medios de comunicación de masas tales como la radio, el cine, pero sobre todo la televisión, hablaba ya no de un cambio de cultura sino de civilización. McLuhan adivinó como pocos lo que iba a suceder, aunque se fue a la tumba sin saber que esos medios se iban a quedar cortos ante la aparición, pocos años después, de este nuevo Polifemo llamado Internet. El cíclope era antropófago. ¿Internet antropófago? Desde su aparición lo ha engullido todo y aquello que se le resiste lo cerca con tretas dignas de su contrincante Odiseo. El héroe de Troya es hoy la lectura profunda, la escritura creadora y el libro, sobre el soporte que sea, tal cual lo concebimos como compendio del saber al menos desde Gutenberg, aunque su ideario ya había sido conformado antes, al menos 400 años antes de Cristo, cuando Platón en el Fedro debate con Sócrates lo bueno y lo malo que la nueva tecnología de la escritura va a traer a la educación y a la cultura basada en la memoria y la oralidad. La memoria (hoy algo tan combatido) que en la filosofía y la estética de los antiguos (también nuestros contemporáneos) era la madre de las Musas, "saber de memoria", escribe Steiner, "es dejar que el mito, la oración o el poema se ramifique y se expanda en nosotros".
En los libros de McLuhan hay clarividentes intuiciones sobre el futuro, nuestro presente, a través de los soportes con los que él mismo convivía advirtiendo ya un cambio radical en el individuo y la sociedad. Se refería a máquinas progresivamente más sofisticadas que, por una parte, ayudarían a la actividad humana, pero que, por otra, influirían y condicionarían su conducta. "Estamos acercándonos -dijo- a la fase final de las prolongaciones del hombre, o sea, la simulación técnica de la conciencia". Así es. Este salto gigantesco en la evolución tecnológica está produciendo un cambio tan radical como jamás aconteció. En un solo soporte la palabra escrita, el sonido y la imagen. ¿Qué nuevos géneros literarios o periodísticos saldrán de aquí? ¿Destronarán a los actuales? Simultaneidad en la información, en las redes sociales, facilidad para almacenar y encontrar. El contenido de un medio, afirmaba McLuhan, importaba menos que el medio en sí mismo a la hora de producir efectos en nosotros. Durante la segunda mitad del siglo XX, a pesar de su cruda y premonitoria verdad, el hombre convivió con estos nuevos instrumentos y, en contra de lo que esperaban muchos vaticinadores infaustos, los unos no se comieron a los otros. La prensa y los libros no solo sobrevivieron sino que alcanzaron cotas desconocidas. Pero el tiempo a McLuhan le ha acabado dando la razón. Cada nuevo medio tecnológico nos cambió y modificó. Pero Internet nos está transformando y manipulando de manera radical, como jamás sucedió antes.
McLuhan pasó de moda, pero ahora vuelve con una verdad que no compartimos en su momento. Aquella referida a que el texto escrito, el libro y la lectura eran una tiranía sobre nuestro pensamiento. Algo que, para él, afortunadamente, había comenzado a resquebrajarse por la acción imparable de los nuevos sistemas de comunicación de masas. Sentí que el autor de Galaxia Gutenberg promovía injustamente el fin de la cultura del libro y propiciaba los nuevos instrumentos audiovisuales uniformadores. ¿Por qué McLuhan atacaba la base tradicional de transmisión del conocimiento? Defendía la democratización de la cultura a través de los medios audiovisuales de comunicación de masas y combatía -él, un intelectual- la aristocracia del saber, debida al libro y la lectura. Este inquietante planteamiento es uno de los que ahora observo desarrollado, con más profundidad, en nuevas monografías. No solo estudiantes, profesionales o profesores confiesan con desparpajo que han dejado de leer libros de papel y que leen solo fragmentariamente en pantalla, sino que los libros son superfluos y que grandes autores de la literatura y obras esenciales ya no les dicen nada. Personas cultivadas muestran claramente un desconocido y desconcertante odio intelectual. Internet facilita el acceso a la información, pero el acceso al conocimiento aún tiene que alcanzarse a través de los usos de siempre. Leer con concentración, atención y en silencio todavía no es algo arcaico y prescindible, se haga a través de cualquier soporte. Lo mismo que la lectura debe ser total y no parcial. La cultura y el conocimiento siempre se obtendrán estudiando: es decir, leyendo. El viejo proceso lineal de pensamiento es el que nos ha conducido hasta nuestros días, ¿por qué no readaptarlo a los nuevos usos tecnológicos? Seguramente es una batalla perdida porque, como dice Nicholas Carr, Internet ofrece tal cantidad de posibilidades que finalmente acaba distrayendo la atención antes reflexiva, concentrada, atenta de la mente lineal ahora desplazada por otra nueva que quiere diseminar información resumida, superficial, poco conflictiva. Que Internet está modificando nuestras costumbres y que el mundo muy pronto será distinto, está claro. Pero eso no significa que abandonemos nuestro espíritu crítico y nos entreguemos a su suerte. No podemos permitirnos el lujo de que nuestros estudiantes pierdan su capacidad para leer, y entreguen su juventud al hipervínculo o al scrolling y que piensen que Don Quijote o Ulises son creaciones incapaces de ayudarles.
Leer un libro no es un acto anticuado. Leerlo entero, compartir su enseñanza, es un acto superior al del mero cazador experimentado en Internet. Nuestros jóvenes se resisten a leer en profundidad y por tanto se resisten a estudiar, a adquirir un conocimiento propio. Han delegado su mente en una máquina, ahora su más fiel amigo. Nuestros jóvenes leen más, escriben más, pero de una manera superficial. Nuestros jóvenes son maestros del puzle. La influencia del ordenador sobre quien lo utiliza es muy grande. Nos estamos dejando vencer por la industria y el mercado, que dictan nuestros gustos y cambian nuestras maneras intelectuales. La modificación del acto, del sentido y el fin de la lectura está ya trayendo los primeros cambios. Como escribe Ong en su libro Oralidad y escritura, las tecnologías no son meras ayudas exteriores, sino también transformaciones interiores de la conciencia y, sobre todo, cuando afectan a la palabra.
La lectura, la cultura, la educación, el saber y el conocimiento no son algo pasivo, sino activo. Si lo delegamos todo en un instrumento, si vaciamos toda nuestra memoria, también perdemos en estos actos parte de nuestra libertad. Radio, cine, televisión, nunca atacaron frontalmente al libro. Compitieron con él robándole espacio y tiempo, pero la cultura por excelencia seguía transmitiéndose a través de la imprenta. Internet es distinto. Archiva, procesa, comparte la información, también la textual, tecnologiza la palabra, la creación. Es un instrumento útil que no debería suplantar sino completar los buenos usos anteriores. Pero no está siendo así. Carr, en ¿Qué está haciendo Internet?, afirma algo que, muy a mi pesar, reconozco como inevitable: que el futuro del conocimiento y la cultura ya no se encuentra en los libros, ni en los periódicos, ni en televisión, sino en los archivos digitales difundidos por nuestro medio universal a la velocidad de la luz.
Libro de papel, libro electrónico, conocemos ya sus ventajas y desventajas. El primero, multisensorial, una obra de arte en sí mismo; el otro, repleto de información, de distracciones, de emboscadas a la textualidad. Me preocupa mucho menos el soporte que el cambio profundo que se está produciendo en la antigua manera de leer, buena, experimentada y sabia. El cambio de forma sufrido por un medio supone un cambio de contenido. Cambio profundo en la manera de leer y en la de escribir.
Muchos jóvenes comentan que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. Probablemente, en un futuro cercano, las novelas electrónicas serán más visuales que textuales, lo que ya se conoce como vooks. ¿Dónde se hallará el creador? Todo estará socializado y, probablemente, abocado a lo superficial. ¿La lectura "masiva" fue una "breve anomalía" de nuestra historia intelectual y cada vez irá quedando dentro de una minoría que se perpetúa a sí misma, la clase "lectora"? En realidad, ¿no fue siempre así? ¿Por qué este odio intelectual, que lleva a muchos a decir que no debemos llorar por la muerte de la lectura pues estuvo siempre sobrevalorada, así como las grandes obras que la conforman y sus autores, dotados de una genialidad insultante y antidemocrática? ¿Por qué Internet tiene que obligarnos a dejar de leer, a dejar de escribir, a dejar de pensar? En el Fedro, yo estaría de parte de Platón, de parte de la escritura, del avanzar sobre los inconvenientes razonables de Sócrates. Hoy estoy de parte de Internet siempre que, como decía este último, no amenace la profundidad intelectual.
Radio, cine, televisión, nunca atacaron frontalmente al libro. Internet es distinto
McLuhan pasó de moda, pero ahora vuelve con una verdad que no compartimos en su momento. Aquella referida a que el texto escrito, el libro y la lectura eran una tiranía sobre nuestro pensamiento. Algo que, para él, afortunadamente, había comenzado a resquebrajarse por la acción imparable de los nuevos sistemas de comunicación de masas. Sentí que el autor de Galaxia Gutenberg promovía injustamente el fin de la cultura del libro y propiciaba los nuevos instrumentos audiovisuales uniformadores. ¿Por qué McLuhan atacaba la base tradicional de transmisión del conocimiento? Defendía la democratización de la cultura a través de los medios audiovisuales de comunicación de masas y combatía -él, un intelectual- la aristocracia del saber, debida al libro y la lectura. Este inquietante planteamiento es uno de los que ahora observo desarrollado, con más profundidad, en nuevas monografías. No solo estudiantes, profesionales o profesores confiesan con desparpajo que han dejado de leer libros de papel y que leen solo fragmentariamente en pantalla, sino que los libros son superfluos y que grandes autores de la literatura y obras esenciales ya no les dicen nada. Personas cultivadas muestran claramente un desconocido y desconcertante odio intelectual. Internet facilita el acceso a la información, pero el acceso al conocimiento aún tiene que alcanzarse a través de los usos de siempre. Leer con concentración, atención y en silencio todavía no es algo arcaico y prescindible, se haga a través de cualquier soporte. Lo mismo que la lectura debe ser total y no parcial. La cultura y el conocimiento siempre se obtendrán estudiando: es decir, leyendo. El viejo proceso lineal de pensamiento es el que nos ha conducido hasta nuestros días, ¿por qué no readaptarlo a los nuevos usos tecnológicos? Seguramente es una batalla perdida porque, como dice Nicholas Carr, Internet ofrece tal cantidad de posibilidades que finalmente acaba distrayendo la atención antes reflexiva, concentrada, atenta de la mente lineal ahora desplazada por otra nueva que quiere diseminar información resumida, superficial, poco conflictiva. Que Internet está modificando nuestras costumbres y que el mundo muy pronto será distinto, está claro. Pero eso no significa que abandonemos nuestro espíritu crítico y nos entreguemos a su suerte. No podemos permitirnos el lujo de que nuestros estudiantes pierdan su capacidad para leer, y entreguen su juventud al hipervínculo o al scrolling y que piensen que Don Quijote o Ulises son creaciones incapaces de ayudarles.
Leer un libro no es un acto anticuado. Leerlo entero, compartir su enseñanza, es un acto superior al del mero cazador experimentado en Internet. Nuestros jóvenes se resisten a leer en profundidad y por tanto se resisten a estudiar, a adquirir un conocimiento propio. Han delegado su mente en una máquina, ahora su más fiel amigo. Nuestros jóvenes leen más, escriben más, pero de una manera superficial. Nuestros jóvenes son maestros del puzle. La influencia del ordenador sobre quien lo utiliza es muy grande. Nos estamos dejando vencer por la industria y el mercado, que dictan nuestros gustos y cambian nuestras maneras intelectuales. La modificación del acto, del sentido y el fin de la lectura está ya trayendo los primeros cambios. Como escribe Ong en su libro Oralidad y escritura, las tecnologías no son meras ayudas exteriores, sino también transformaciones interiores de la conciencia y, sobre todo, cuando afectan a la palabra.
La lectura, la cultura, la educación, el saber y el conocimiento no son algo pasivo, sino activo. Si lo delegamos todo en un instrumento, si vaciamos toda nuestra memoria, también perdemos en estos actos parte de nuestra libertad. Radio, cine, televisión, nunca atacaron frontalmente al libro. Compitieron con él robándole espacio y tiempo, pero la cultura por excelencia seguía transmitiéndose a través de la imprenta. Internet es distinto. Archiva, procesa, comparte la información, también la textual, tecnologiza la palabra, la creación. Es un instrumento útil que no debería suplantar sino completar los buenos usos anteriores. Pero no está siendo así. Carr, en ¿Qué está haciendo Internet?, afirma algo que, muy a mi pesar, reconozco como inevitable: que el futuro del conocimiento y la cultura ya no se encuentra en los libros, ni en los periódicos, ni en televisión, sino en los archivos digitales difundidos por nuestro medio universal a la velocidad de la luz.
Libro de papel, libro electrónico, conocemos ya sus ventajas y desventajas. El primero, multisensorial, una obra de arte en sí mismo; el otro, repleto de información, de distracciones, de emboscadas a la textualidad. Me preocupa mucho menos el soporte que el cambio profundo que se está produciendo en la antigua manera de leer, buena, experimentada y sabia. El cambio de forma sufrido por un medio supone un cambio de contenido. Cambio profundo en la manera de leer y en la de escribir.
Muchos jóvenes comentan que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. Probablemente, en un futuro cercano, las novelas electrónicas serán más visuales que textuales, lo que ya se conoce como vooks. ¿Dónde se hallará el creador? Todo estará socializado y, probablemente, abocado a lo superficial. ¿La lectura "masiva" fue una "breve anomalía" de nuestra historia intelectual y cada vez irá quedando dentro de una minoría que se perpetúa a sí misma, la clase "lectora"? En realidad, ¿no fue siempre así? ¿Por qué este odio intelectual, que lleva a muchos a decir que no debemos llorar por la muerte de la lectura pues estuvo siempre sobrevalorada, así como las grandes obras que la conforman y sus autores, dotados de una genialidad insultante y antidemocrática? ¿Por qué Internet tiene que obligarnos a dejar de leer, a dejar de escribir, a dejar de pensar? En el Fedro, yo estaría de parte de Platón, de parte de la escritura, del avanzar sobre los inconvenientes razonables de Sócrates. Hoy estoy de parte de Internet siempre que, como decía este último, no amenace la profundidad intelectual.
Llueve en Madrid. Una rareza que se produce en la capital apenas 63 días de media al año. A pesar de ello, Miguel Domingo va en bici. Está acostumbrado. Lleva 15 años de bicimensajero en Trébol. "La bicicleta antes era marginal. Ahora, solo minoritaria", ironiza. A los tres millones de ciclistas urbanos españoles, Madrid aporta unos 50.000; el 0,6% de los viajes que se realizan a diario en la urbe. Y aunque parece que las bicis van a contramano en la capital, desde hace una década su uso no para de crecer.
En los últimos años incluso se está viviendo una pequeña explosión. "El cambio se nota en la calle; un día cualquiera te puedes cruzar con bastante gente en bici. Hace unos años si veías a alguien, le conocías", cuenta Gianni Rondinella, urbanista y doctorando de la Universidad Politécnica.
Con ese apogeo, emerge una subcultura de la bicicleta. Su cara más visible: la Bicicrítica, un movimiento ciudadano que, el último jueves del mes, llena la ciudad de velocípedos. Pero también implica a asociaciones, tiendas, bares o artesanos de los manillares. El próximo miércoles todos se van a reunir en Matadero. El centro creativo celebra el festival Con b de bici, dentro de la exposición Lo normal es muy raro. Diez semanas (hasta el 27 de noviembre) dedicadas a las dos ruedas. En la cita va a haber debates, talleres de reparación, partido de bike-polo, muestra de fotos, cine o conciertos. Quieren transmitir la idea de que la bici urbana es mucho más que dar pedales. Es una forma de vida.
"La primera barrera que hay que superar es mental y social", explica Iñaki Díaz de Etura. Tiene 42 años y es portavoz de la asociación Pedalibre. La decana agrupación se fundó a mediados de los ochenta para fomentar la vertiente recreativa de los recorridos en bicicleta. Ahora, la movilidad es uno de sus ejes estratégicos. Si el ciclismo es un deporte, el biciclismo o ciclismo urbano es la osadía de recorrer a pedales urbes con millones de habitantes. En Madrid, como en Ámsterdam, Berlín, Nueva York o Londres, también se puede. "El interior de la M-30 tiene un diámetro de unos siete kilómetros, una distancia perfecta para la bici", explica Rondinella, que desarrolla su trabajo en el Centro de investigación del transporte- TRANSyT.
My bici, la propuesta de bici pública del Ayuntamiento, empezaba a funcionar en marzo de este año. La crisis hizo que desaparecieran los cinco millones de euros destinados a la primera fase del proyecto. Los recortes llegaron al Plan Director Ciclista y a la Fundación Movilidad, que se ha transformado en la Oficina de Movilidad Sostenible. "Las políticas han sido, como mínimo, erráticas", opina Luis Álvarez, dueño de la tienda By Bike y vicepresidente de Probici, la asociación de empresarios del pedal. "Por un lado da la impresión de que ven en las dos ruedas una opción; por otro, que no les interesa lo más mínimo", agrega. Cuando él abrió su tienda, hace seis años, en la capital no se hablaba de carriles bici. Ahora hay 265 kilómetros de vías; 110 corresponden al anillo verde ciclista, de uso meramente lúdico, y el Consistorio acaba de anunciar la construcción del carril Alcalá-Mayor. Por otro lado, se hizo un cambio en la ordenanza de movilidad para dotar de más voz a las bicis. A los usuarios les parece poco.
"Es más importante el respeto y la educación que la infraestructura. Hay que crear una cultura de la bicicleta", sostiene Andrés Arregui, que une negocio de las dos ruedas con arte. Hace tres años empezó a ensamblar acero, el material con el que prefiere trabajar porque "es más resistente que el carbono o el aluminio". Trabajaba en un taller semiescondido en la calle Noviciado. En marzo abrió Cyclos Noviciados donde elabora bicis "a medida", que pueden rondar los 1.000 euros. "Podemos montar una entera o rehacerla con restos", cuenta con el soplete en la mano. Cada mes toca unas 40 o 50 bicicletas. La que tiene en el foso la trajo un chico. Era de su abuelo. "Tenía el cuadro desde hace años y nos pidió que lo preparásemos para que volviera a rodar. Le hacía ilusión. La bici tiene un componente emocional fuerte", añade.
La banda de las dos ruedas es muy heterogénea. Todos viven la ciudad, y piensan en ella, desde el sillín. Pero está compuesta por ciclistas de toda la vida, fixeros (que pedalean con piñón fijo), okupas reivindicativos, tíos elegantes o chicas con tacones. Ainara Murillo pertenece a este último grupo. Trabaja en Viernes, una empresa de comunicación responsable de la que ha surgido el colectivo Biernes, dedicado a fomentar los pedales. "Durante años la ciudad se ha volcado en las cuatro ruedas. Nuestro urbanismo es cochecentrista. Proponemos ideas para que las bicis recuperen espacio y creamos excusas para que la gente las use". La base de su trabajo es unir bici con cultura. El año pasado, durante la Noche en Blanco, diseñaron una exposición para disfrutar a dos ruedas. También son responsables del programa de actividades ciclistas en Matadero.
La base de The Wall se sintetiza en cervezas y bicicletas. En el bar permiten la entrada de velocípedos y los tres socios-fundadores pedalean. "No tiene sentido que usemos una máquina de 1.000 kilos para transportar 70; la bicicleta ofrece una opción más eficiente", dice Rodrigo Taramona, uno de ellos. Su local, en pleno Malasaña, está de moda; las bicis de la puerta, también. "Puede que haya gente que busque lucirla por el barrio. Creo que hasta eso está bien: necesitamos todo el apoyo posible para visibilizarnos", concluye. Está mojado. A pesar de que es uno de los pocos días que llueve en Madrid, él ha venido en bici.
"Nada más sentarte en el sillín, empiezas a hacer activismo". Lo dice Laura Peseta, ciclista urbana y artista. Cada vez más madrileños se convierten a la bici, lo que conlleva una forma de vivir la ciudad. Este miércoles tomarán Matadero
Con ese apogeo, emerge una subcultura de la bicicleta. Su cara más visible: la Bicicrítica, un movimiento ciudadano que, el último jueves del mes, llena la ciudad de velocípedos. Pero también implica a asociaciones, tiendas, bares o artesanos de los manillares. El próximo miércoles todos se van a reunir en Matadero. El centro creativo celebra el festival Con b de bici, dentro de la exposición Lo normal es muy raro. Diez semanas (hasta el 27 de noviembre) dedicadas a las dos ruedas. En la cita va a haber debates, talleres de reparación, partido de bike-polo, muestra de fotos, cine o conciertos. Quieren transmitir la idea de que la bici urbana es mucho más que dar pedales. Es una forma de vida.
"La primera barrera que hay que superar es mental y social", explica Iñaki Díaz de Etura. Tiene 42 años y es portavoz de la asociación Pedalibre. La decana agrupación se fundó a mediados de los ochenta para fomentar la vertiente recreativa de los recorridos en bicicleta. Ahora, la movilidad es uno de sus ejes estratégicos. Si el ciclismo es un deporte, el biciclismo o ciclismo urbano es la osadía de recorrer a pedales urbes con millones de habitantes. En Madrid, como en Ámsterdam, Berlín, Nueva York o Londres, también se puede. "El interior de la M-30 tiene un diámetro de unos siete kilómetros, una distancia perfecta para la bici", explica Rondinella, que desarrolla su trabajo en el Centro de investigación del transporte- TRANSyT.
Manillares contagiosos
Como hay tormenta, no se ve la boina de Madrid. Normalmente, las emisiones de los más de tres millones de coches que circulan por la capital la cubren. "El coche nos ha arrollado", se queja Rondinella, que considera que los pedales tienen un gran potencial y podrían alcanzar el 30% de los viajes diarios. Su investigación se centra en la influencia de los velocípedos en la ciudad. "Las bicicletas producen un efecto llamada importante. Hay que verlas para querer usarlas". Las dos ruedas son contagiosas por eso. El investigador considera que la instauración de un sistema público de alquiler es muy positivo para provocar un cambio en la movilidad.My bici, la propuesta de bici pública del Ayuntamiento, empezaba a funcionar en marzo de este año. La crisis hizo que desaparecieran los cinco millones de euros destinados a la primera fase del proyecto. Los recortes llegaron al Plan Director Ciclista y a la Fundación Movilidad, que se ha transformado en la Oficina de Movilidad Sostenible. "Las políticas han sido, como mínimo, erráticas", opina Luis Álvarez, dueño de la tienda By Bike y vicepresidente de Probici, la asociación de empresarios del pedal. "Por un lado da la impresión de que ven en las dos ruedas una opción; por otro, que no les interesa lo más mínimo", agrega. Cuando él abrió su tienda, hace seis años, en la capital no se hablaba de carriles bici. Ahora hay 265 kilómetros de vías; 110 corresponden al anillo verde ciclista, de uso meramente lúdico, y el Consistorio acaba de anunciar la construcción del carril Alcalá-Mayor. Por otro lado, se hizo un cambio en la ordenanza de movilidad para dotar de más voz a las bicis. A los usuarios les parece poco.
"Es más importante el respeto y la educación que la infraestructura. Hay que crear una cultura de la bicicleta", sostiene Andrés Arregui, que une negocio de las dos ruedas con arte. Hace tres años empezó a ensamblar acero, el material con el que prefiere trabajar porque "es más resistente que el carbono o el aluminio". Trabajaba en un taller semiescondido en la calle Noviciado. En marzo abrió Cyclos Noviciados donde elabora bicis "a medida", que pueden rondar los 1.000 euros. "Podemos montar una entera o rehacerla con restos", cuenta con el soplete en la mano. Cada mes toca unas 40 o 50 bicicletas. La que tiene en el foso la trajo un chico. Era de su abuelo. "Tenía el cuadro desde hace años y nos pidió que lo preparásemos para que volviera a rodar. Le hacía ilusión. La bici tiene un componente emocional fuerte", añade.
Guerra al 'cochecentrismo'
El vínculo entre la bici y su dueño es especial. "Nada más sentarte en el sillín, empiezas a hacer activismo", sentencia Laura Martínez del Pozo. Es ciclista urbana y mujer. Una minoría, ya que el 63,6% de los que pedalean en España son hombres, según el barómetro de la bicicleta de 2011. A Laura la conocen como Peseta por la firma que estampa en los diseños que realiza en su taller. En los bolsos, monederos o carteras que cuelgan, las dos ruedas son recurrentes. "La bicicleta es estética por naturaleza, por eso la uso como inspiración", cuenta entre las telas. El año pasado diseñó una gorra ciclista para Marc Jacobs y acabó expuesta en el New Museum de Nueva York. "Cuando montas en bici reivindicas otra manera de moverte", explica. "El simple hecho de hacerlo te hace sentir parte de una tribu urbana".La banda de las dos ruedas es muy heterogénea. Todos viven la ciudad, y piensan en ella, desde el sillín. Pero está compuesta por ciclistas de toda la vida, fixeros (que pedalean con piñón fijo), okupas reivindicativos, tíos elegantes o chicas con tacones. Ainara Murillo pertenece a este último grupo. Trabaja en Viernes, una empresa de comunicación responsable de la que ha surgido el colectivo Biernes, dedicado a fomentar los pedales. "Durante años la ciudad se ha volcado en las cuatro ruedas. Nuestro urbanismo es cochecentrista. Proponemos ideas para que las bicis recuperen espacio y creamos excusas para que la gente las use". La base de su trabajo es unir bici con cultura. El año pasado, durante la Noche en Blanco, diseñaron una exposición para disfrutar a dos ruedas. También son responsables del programa de actividades ciclistas en Matadero.
La base de The Wall se sintetiza en cervezas y bicicletas. En el bar permiten la entrada de velocípedos y los tres socios-fundadores pedalean. "No tiene sentido que usemos una máquina de 1.000 kilos para transportar 70; la bicicleta ofrece una opción más eficiente", dice Rodrigo Taramona, uno de ellos. Su local, en pleno Malasaña, está de moda; las bicis de la puerta, también. "Puede que haya gente que busque lucirla por el barrio. Creo que hasta eso está bien: necesitamos todo el apoyo posible para visibilizarnos", concluye. Está mojado. A pesar de que es uno de los pocos días que llueve en Madrid, él ha venido en bici.
Campo de distorsión de la realidad
Por: Jesús Ceberio | 04 nov 2011
Para encontrar un fenómeno de estas características en la política española habría que remontarse al referéndum de la OTAN de 1986, cuando Felipe González convenció a un país antiatlantista de que votara a favor. Aznar lo intentaría en 2003 con la guerra de Irak y sólo consiguió la enemiga de una inmensa mayoría. A falta de líderes dotados de esta singular y a veces peligrosa capacidad, son los partidos los que vuelcan su costosa maquinaria –por cierto, nadie habla de la financiación pública de los partidos en sus planes de austeridad— para distorsionar la realidad a medida y crear un mundo binario, donde el otro simboliza toda suerte de desastres y uno tiene todas las soluciones.
Un férreo aparato aísla al líder con déficit de carisma en una burbuja a la que sólo tienen acceso los íntimos, sin contacto con los medios ni el público, salvo en intervenciones tasadas desde un escenario. El diálogo crítico y directo que podría haberse abierto a través de las redes sociales se ha transformado en una plataforma más de propaganda que gestiona el equipo de campaña. No vaya a ser que el líder tenga la peligrosa ocurrencia de sacar a una niña que no figuraba en el guión. La campaña que ha diseñado el PP para Rajoy se ajusta como un guante a este modelo.
Los cinco millones de parados son en boca de Rajoy poco menos que un empeño personal de Zapatero, aunque ahora que se ve más cerca de La Moncloa introduzca una que otra referencia a la crisis internacional, que sigue sin encontrar respuesta adecuada en el G-20. En su primer mitin de Castelldefells invocó los cuatro millones y medio de empleos creados entre 1996 y 2004 --¡ay, el ladrillo!— y en un arranque proclamó: "Podemos volver a hacerlo". Si los españoles le dan votos y tiempo. ¿Será que piensa ya en 2015 por si la primera legislatura resultara no tan bienaventurada? A Papandreu la gracia electoral se le ha agotado en dos años, a pesar de que sus opositores de hoy son los tramposos de ayer.
Como en las guerras, la verdad es la primera víctima de una campaña, que activa un masivo campo de distorsión de la realidad. Cuando el programa de Rajoy promete beneficios fiscales generalizados (al que crea empleo, al que ahorra, al que invierte, al que tiene hijos, al que compra una vivienda), para reafirmar a continuación su compromiso de reducir el déficit y garantizar la sociedad de bienestar (sanidad universal, mejor educación pública, poder adquisitivo de las pensiones), hay demasiadas cosas que no cuadran, y que chocan con algunas políticas del PP en las Comunidades Autónomas. Este juego de máscaras alimenta el descrédito de los políticos, que en el barómetro de confianza de octubre elaborado por Metroscopia compartían con obispos y banqueros el escalón más bajo. Uno de los datos más deprimentes de la encuesta publicada hoy por el CIS es que el 71,7% de los españoles tiene poca o ninguna confianza en Rajoy y otro tanto le sucede al 69,5% con Rubalcaba.
La fe de Rajoy en la política es más bien tibia. El gobernante ideal es aquel que molesta poco. De ahí que su programa sea más bien un canto a la sociedad y a la eficiencia de la gestión privada de los servicios públicos. "No existe palanca más poderosa de mejora que las propias ansias de mejorar", reza una singular tautología del preámbulo. En sus últimos discursos Rajoy ha introducido apelaciones al derecho de los españoles a ser felices, un eco de la constitución americana que puede sonar sarcástico en medio de la depresión dominante. Más modestamente, cinco millones de españoles se conformarían por ahora con un empleo. ¿En qué ventanilla se puede invocar tal derecho o es solo una distorsión más de la realidad?
«No pienses cuántos hijos quieres, sino cuántos puedes tener que vivan una vida maravillosa»
Cuando Paul Ehrlich, biólogo y profesor de Stanford, escribió 'El boom de la población' (1968), éramos 3.500 millones de humanos, la mitad que hoy. Sus pronósticos de que no íbamos a ser capaces de alimentar a todos si seguíamos creciendo no se hicieron realidad como resultado de la 'revolución verde'. Aun así, Ehrlich piensa que «estamos viviendo directamente del capital natural en lugar de vivir de sus intereses».
PREGUNTA: ¿Se siente 'vindicado' ahora que la sobrepoblación vuelve a ser considerada un problema después de tantos años aguantando críticas?
RESPUESTA: Está bien que la gente por fin se esté dando cuenta de lo seria que es la situación. Pero pienso que todavía la prensa lo considera un tema tabú.
P: ¿Por qué?
R: A todos nos gustan los niños, así que la idea de limitar el número de niños no recibe mucho apoyo. Es una decisión muy personal. Cada vez hay más gente que decide no tener más de dos hijos. Pero en muchos lugares es, de forma relativa, económicamente viable y hasta necesario, tener más hijos. Uno de los retos de la Humanidad es cerrar la brecha entre ricos y pobres, para que la gente pobre no deba tener hijos para que les apoyen en su tercera edad.
P: ¿Cuál es la población ideal del planeta?
R: Depende del estilo de vida que queramos tener con la tecnología disponible. Si todos quieren vivir como un estadounidense, tendríamos que ser menos de mil millones. Si queremos vivir como un ciudadano de México, entre tres y cuatro mil millones. Según los últimos estudios, es posible que la Tierra aguante a largo plazo entre mil y dos mil millones de personas. Pero vamos por siete y rápidamente a por nueve o 10. De cualquier manera, tendríamos que ser menos de los que somos hoy.
P: ¿Cómo puede la gente concienciarse para tener menos hijos?
R: Es muy importante no pensar cuántos hijos quieres, sino cuántos hijos puedes tener que vivan una vida maravillosa y puedan recibir una buena educación.
P: ¿Cree usted que en el futuro la gente se comprometerá a tener uno o dos hijos o acabará siendo obligatorio tener sólo un hijo, como en China?
R: Creo que veremos más control de población, lo que es triste. Deberíamos haber encontrado otras maneras de restringir la población. Lo ideal sería que todos los países tuvieran una tasa de crecimiento media de 1,5 niños por familia, con familias de padres maravillosos que tengan tres hijos y gente que no quiera ninguno. Lo mejor es un eslogan político que diga: «Para en el número dos». Así podríamos comenzar a rebajar la población a un nivel sostenible, donde nuestros hijos, nietos y bisnietos puedan vivir vidas decentes en lugar de peores a las que vivimos hoy.
P: Un niño de 10 años me pidió que le preguntara cómo piensa usted que será su vida dentro de 50 años.
R: Puede que tenga un futuro muy agradable, o un mundo no deseable que no se parezca en nada al de hoy. Si no hacemos nada por el ambiente y nuestras relaciones internacionales, podríamos tener una guerra nuclear. Depende de nosotros, de sus padres y abuelos, y de su generación, de si nos empezamos a tomar el medioambiente con seriedad. Ningún país está haciendo algo verdaderamente significativo para frenar la destrucción de nuestros sistemas climáticos y vitales, de los animales y plantas de los que dependemos para nuestro sustento. Si no cambiamos, no puedo ofrecer una visión muy alegre. Pero si decidimos hacer algo, y podemos hacer muchas cosas, podría tener una vida mejor que sus padres.
P: Según el filósofo y anarquista verde John Zerzan, la única solución es volver al primitivismo, y que acabaremos así de todas formas.
R: Estoy de acuerdo en que acabaremos así si seguimos el rumbo marcado, pero no diría que es la solución. La solución está en ver cuánto necesita una persona consumir, y ver cuáles son las ventajas de tener tanta gente viviendo al mismo tiempo. Si quieres maximizar el número de personas que vivan en el mundo, debemos tener una población sostenible a un plazo de millones de años. Al ritmo que vamos, es muy posible que lleguemos a un colapso de población en los próximos 50 o 100 años. Si queremos tener el máximo número de personas que vivan en este siglo, podemos destruir nuestros sistemas vitales y llegar a ocho o nueve mil millones, para después bajar a unos tantos cientos de miles y regresar a una población de recolectores y cazadores, que no es lo que yo apoyo.
P: ¿Usted cree que los científicos deben ser también activistas y no sólo informar?
R: Todos deberíamos invertir parte de nuestro tiempo en la acción. Las protestas de Wall Street demuestran que la gente está harta, y quizás sea el principio de un cambio del sistema político. Es triste que los candidatos presidenciales sean unos imbéciles que no saben nada y con cerebros pequeños que piensan que toda la comunidad científica se equivoca cuando dice que la sobrepoblación, el cambio climático, el vertido de sustancias tóxicas en el ambiente y la falta de atención al cultivo de nuestros alimentos son un peligro. Es un momento peligroso, en particular para EEUU, porque nuestro gobierno está roto, y lo llevan unos idiotas.
P: ¿Quizás nos fijamos demasiado en beneficios a corto plazo, comenzando por nuestro sistema económico, en lugar del pensamiento a largo plazo?
R: Correcto. Creemos que la economía puede continuar creciendo por siempre jamás. Un economista muy famoso dijo que si crees en el crecimiento perpetuo de la economía, o estás loco o eres un economista. Si la prensa sigue atrapada por las corporaciones y el Tribunal Supremo sigue dando más poder a las corporaciones y los más ricos, seguiremos igual. Desafortunadamente, los EEUU suelen arrastrar al resto del mundo.
P: ¿Es posible un cambio a una visión a largo plazo?
R: Si la gente, como la que protesta en Wall Street, sigue insistiendo por un cambio, es posible. Tenemos la ventaja de contar con un presidente muy listo, aunque esté mermado por asesores tontos y por una oposición al borde de la locura, el Partido Imbécil, los Republicanos. Es una pena, porque yo solía ser republicano. Pero, como muchos otros, dejé el partido cuando se volvieron totalmente locos.
P: ¿Recomendó usted alguna vez la esterilización obligatoria?
R: Dije que podríamos llegar a eso, pero nunca que fuera la solución ideal. Siempre pensé que sería muy difícil a nivel social. De hecho me sorprende el éxito de la política china. La presión suave con sistemas contraceptivos disponibles para todo el mundo que sea activo sexualmente y la política social que anima a la gente a parar con dos, es lo que yo siempre he recomendado. En Europa ha funcionado.
P: En el libro que escribió con su mujer, 'El animal dominante', dice que el hecho de que el Papa esté en contra de la contracepción no ha tenido mucho efecto en países católicos como España. ¿Cree que es igual en Latinoamérica?
R: No tanto como en Europa, pero van en esa dirección. Cuando el Papa habló contra la píldora, muchas mujeres latinoamericanas preguntaron a sus párrocos dónde encontrar esa píldora que había mencionado el Papa.
P: En sus estudios de evolución, consiguió que la mosca del vinagre se volviera resistente al DDT en un par de semanas. Los humanos necesitaríamos cientos de años para evolucionar de la misma manera. ¿Le preocupa el uso de pesticidas y tóxicos?
R: Mucho. Está comprobado el cambio drástico en proporción de hombres y mujeres. En algunos poblados subárticos están naciendo el doble de niñas que niños, cuando lo normal sería 107 niños por cada 100 niñas. Y también se está adelantando la edad de la pubertad. Sabemos que muchos de los químicos que soltamos al medioambiente, según crece la población, son tanto veneno como imitadores hormonales. En nuestras botellas de plástico ponemos bisfenol A, que fue desarrollado como una hormona femenina. El componente se filtra al agua de las botellas de plástico utilizadas para alimentar tanto bebés varones como hembras. ¡Es una locura! La situación tóxica es una bomba de relojería… y podría ser peor que el cambio climático, porque lo que soltamos al ambiente no hay manera de capturarlo de nuevo. Lo mismo con los océanos, que hemos recubierto con partículas de plástico y no sabemos el efecto que esto pueda tener.
P: Quizás así se reduzca la población…
R: ¡No es el método que yo recomendaría!
P: ¿Puede usted finalizar con un mensaje optimista?
R: Podemos hacer muchas cosas para enfrentarnos a estos dilemas, como limitar nuestra población, ser justos en el consumo distribuyendo bien los recursos, cambiar nuestro sistema energético para reducir los problemas de cambio climático, controlar nuestras sustancias tóxicas, proteger nuestra pesca, proteger la biodiversidad… Se puede hacer todo esto si contamos con voluntad política, lo que significaría organizar a la población mundial para que estemos verdaderamente seguros, en lugar de seguir el sistema de siempre. No hay nada pesimista sobre lo que podemos hacer. Lo pesimista es seguir haciendo lo de siempre. Debemos cambiar y lo podemos hacer de forma que todo el mundo viva mucho mejor.